El invierno altera el ciclo del sueño: un estudio explica por qué dormimos más cuando hace más frío
No es solo sensación de cansancio. Estudios internacionales analizan cómo la luz, el clima y el entorno influyen silenciosamente en el ciclo del sueño.
El invierno no solo modifica la rutina diaria, sino también la forma en que el cuerpo descansa. Un estudio internacional realizado por científicos de Australia y Francia analizó cómo las estaciones influyen en el ciclo del sueño y confirmó que, durante los meses fríos, las personas tienden a dormir más que en verano. El trabajo se basó en datos recogidos en distintas regiones del mundo y fue publicado en la revista Sleep.
Los investigadores observaron que, en invierno, el tiempo total de descanso aumenta entre 15 y 20 minutos en promedio, especialmente en zonas alejadas del ecuador. La menor exposición a la luz solar y el incremento de las horas de oscuridad aparecen como factores puntuales que influyen directamente en el ciclo del sueño y en la organización de los ritmos circadianos.

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Menos luz y más descanso para no afectar el ciclo del sueño
La investigación mostró que la ubicación geográfica es determinante. En regiones cercanas al ecuador, donde la variación estacional de la luz es menor, los cambios en el ciclo del sueño son más limitados. En cambio, en latitudes medias y altas, el invierno produce retrasos tanto en el horario de acostarse como en el de despertarse.
Según explicó a la médica Stella Valiensi, ex presidenta de la Asociación Argentina del Sueño, aunque los seres humanos no hibernan, durante el invierno se registra un aumento del sueño REM. Esta fase, fundamental dentro del ciclo del sueño, está asociada con la actividad cerebral, los sueños y procesos de afianzamiento de la memoria.
La especialista señaló que el anochecer temprano y el amanecer tardío pueden llevar a pasar más tiempo en la cama, lo que modifica el ritmo circadiano y, en algunos casos, la calidad del sueño.

El frío y los cambios en las fases del sueño
Otro estudio, realizado en Alemania y publicado en Frontiers in Neuroscience, profundizó en cómo el frío impacta el ciclo del sueño. A partir del seguimiento de 188 personas durante un año completo mediante polisomnografía, los científicos detectaron que en invierno se prolonga la fase REM.
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Entre los principales hallazgos están:
- En invierno, los participantes durmieron hasta una hora más que en verano.
- La fase REM se extendió cerca de 30 minutos adicionales.
- El aumento del sueño REM podría desplazar parte del sueño profundo.
Los expertos relacionan estos cambios con la menor luz solar y con el mayor gasto energético que realiza el cuerpo para mantener la temperatura corporal. Ambos factores influyen en la regulación hormonal y en el ciclo del sueño, con efectos directos sobre la calidad del sueño.
Temperatura, aire seco y reloj biológico
Durante el descanso nocturno, la temperatura corporal desciende de forma natural. Ambientes frescos favorecen este proceso, pero el frío extremo puede interrumpir el ciclo del sueño al generar despertares frecuentes. Además, el uso de calefacción suele resecar el aire, lo que puede afectar la respiración y agravar trastornos como ronquidos o apnea, deteriorando la calidad del sueño.
Las noches más largas también estimulan la producción de melatonina, hormona clave para inducir el sueño. Sin embargo, un exceso de oscuridad puede desajustar el reloj biológico y provocar somnolencia diurna.

Recomendaciones para dormir cuando hace más frío
Investigadores de la Universidad del Estado de Washington propusieron medidas para preservar el ciclo del sueño durante los meses fríos:
- Dormir entre 7 y 9 horas por noche, con horarios regulares.
- Mantener el dormitorio a una temperatura estable, entre 20 y 24 grados.
- Evitar cafeína después del mediodía y reducir alcohol y nicotina antes de dormir.
- Limitar el uso de pantallas al menos 30 minutos antes de acostarse.
Es así como la exposición diaria a la luz solar y la actividad física moderada también ayudan a sostener un ciclo del sueño estable. Estas prácticas resultan importantes no solo para el descanso inmediato, sino también para la prevención de enfermedades crónicas asociadas a una baja calidad del sueño.
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