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domingo, 1 de febrero de 2026
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La luz artificial nocturna en los hogares podría estar alterando el sueño y la salud mental

Entre pantallas, bombillos y televisores, la luz artificial acompaña las noches en casa, pero aun así no todo lo que ilumina pasa desapercibido para el cuerpo.

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La luz artificial nocturna es un factor cotidiano dentro de los hogares, principalmente por el uso extendido de pantallas y sistemas de iluminación eléctrica. Investigaciones recientes advierten que esta exposición, especialmente durante las horas destinadas al descanso, puede estar relacionada con alteraciones en la salud metabólica y mental.

Un análisis liderado por investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Sabana revisó la evidencia científica más amplia disponible sobre este fenómeno y sus posibles consecuencias.

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Luz artificial y alteración del ciclo biológico

La exposición a luz artificial durante la noche incide directamente en el ciclo circadiano, el reloj biológico interno que regula los periodos de sueño y vigilia. Este sistema también controla funciones clave como la temperatura corporal, la secreción hormonal, el metabolismo y el estado de ánimo. Factores como el estrés, el consumo de cafeína o alcohol y el uso de dispositivos móviles antes de dormir se suman al impacto de la iluminación nocturna.

Según el estudio, el problema no se limita a la cantidad de horas de sueño, sino a la calidad de la oscuridad. La luz artificial nocturna interfiere con la producción de melatonina, hormona fundamental para inducir el descanso, lo que puede provocar un sueño fragmentado o poco reparador.

Evidencia científica frente a las principales fuentes de exposición

El equipo investigador analizó más de 32 estudios realizados en países como China, Estados Unidos, Japón, Alemania, España y Reino Unido, con datos de más de un millón y medio de personas. Las conclusiones señalan que la luz artificial nocturna está asociada con alteraciones del sueño, cambios metabólicos y afectaciones en la salud mental.

El análisis identificó cuatro fuentes principales de exposición dentro de los hogares:

  • Iluminación blanca intensa, especialmente bombillos LED.
  • Televisores encendidos durante la noche.
  • Uso del celular u otras pantallas antes de dormir.
  • Iluminación pública que ingresa por ventanas.

Estas formas de luz artificial son frecuentes y, en muchos casos, subestimadas por quienes las consideran inofensivas.

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Impactos en la salud física y mental

Dormir con una lámpara encendida o con el televisor prendido puede alterar el metabolismo de la glucosa. Los estudios revisados asocian esta exposición con mayor riesgo de resistencia a la insulina, obesidad y diabetes tipo 2. También se ha observado una relación con hipertensión arterial, sobre todo en hombres jóvenes o de contextura delgada, y con un posible aumento del riesgo cardiovascular, aunque algunos resultados aún están en debate.

En cuanto a la salud mental, la luz artificial nocturna se ha vinculado con un incremento de síntomas depresivos, ansiedad y trastornos del estado de ánimo. La alteración sostenida de los ritmos circadianos también se ha relacionado con condiciones como el trastorno bipolar y, en población infantil, con mayores dificultades del neurodesarrollo.

Un problema que se intensificó con el tiempo

El uso de luz artificial no es un fenómeno reciente. Durante siglos, las fuentes de iluminación fueron limitadas y de baja intensidad, como el fuego, las velas o las lámparas de aceite. El cambio significativo llegó a finales del siglo XIX con la bombilla eléctrica y el alumbrado público, que transformaron los hábitos nocturnos y los patrones de sueño.

En las últimas décadas, la expansión de la tecnología LED y de las pantallas digitales ha intensificado la exposición nocturna. La contaminación lumínica en zonas urbanas ha reducido incluso la visibilidad del cielo nocturno, consolidando la presencia constante de luz artificial en la vida diaria.

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Recomendaciones desde la evidencia

Para el doctor Erwin Hernández, investigador clínico, las medidas preventivas no requieren intervenciones complejas, sino ajustes en los hábitos cotidianos.

Entre las recomendaciones están:

  • Dormir en completa oscuridad.
  • Apagar pantallas al menos una hora antes de acostarse.
  • Utilizar iluminación cálida y tenue en la noche.
  • Evitar dormir con televisores encendidos.

La evidencia sugiere que reducir la exposición a luz artificial durante la noche no solo favorece el descanso, sino que puede contribuir a preservar la salud metabólica y mental. Cuando la iluminación nocturna es constante, el manejo consciente de la luz se convierte en un factor relevante para el bienestar.

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