Despertarse en la madrugada: cómo el uso de luz artificial desde el siglo XVIII transformó el descanso nocturno
Abrir los ojos en plena noche puede generar preocupación, pero no siempre indica un problema. Despertarse en la madrugada tiene antecedentes históricos y explicaciones biológicas que ayudan a entender por qué ocurre con más frecuencia de lo que se cree.
Despertarse en la madrugada no es necesariamente un síntoma de trastorno del sueño. No siempre hemos dormido ocho horas seguidas; es una práctica más reciente. La idea de dormir sin interrupciones se fue haciendo más fuerte hace apenas dos siglos, mientras que durante la mayor parte de la historia humana predominó un patrón diferente.
La ciencia del sueño, la biología y la documentación histórica indican que despertarse en la madrugada, incluso hacia las tres de la mañana, formaba parte de un esquema habitual conocido como sueño bifásico. Este consistía en dormir un primer bloque de aproximadamente cuatro horas, permanecer despierto un periodo breve y luego volver a dormir hasta el amanecer.

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El origen del sueño dividido
El sueño bifásico está documentado en muchas culturas. El historiador Roger Ekirch recopiló más de 500 referencias en textos antiguos que describen un “primer sueño” y un “segundo sueño”. Incluso en la obra Eneida se menciona la hora en que comienza el primer descanso nocturno.
Por eso, despertarse en la madrugada no era interpretado como anomalía. Las personas utilizaban ese intervalo para actividades tranquilas, conversaciones o reflexión, antes de retomar el descanso. El patrón respondía a ritmos naturales vinculados a la ausencia de iluminación artificial.
Lo que puede ocasionar despertarse en la madrugada: el impacto de la luz artificial
El cambio comenzó a partir del siglo XVIII con la expansión de lámparas de aceite, gas y posteriormente electricidad. La luz nocturna alteró los ritmos circadianos al inhibir la producción de melatonina y extender el tiempo de vigilia. Con la industrialización, los horarios rígidos concentraron el descanso en un único bloque.

La Revolución industrial reforzó esta transformación. La organización laboral exigía jornadas continuas y horarios estandarizados, lo que redujo la flexibilidad del descanso. Así, despertarse en la madrugada empezó a percibirse como interrupción indeseada y no como parte de un patrón biológico.
¿Pero qué dice la ciencia detrás del tema?
Un estudio realizado en 2017 en una comunidad agrícola de Madagascar sin acceso a electricidad confirmó la persistencia de este patrón en condiciones reales. Estos hallazgos refuerzan la hipótesis de que despertarse en la madrugada puede corresponder a un ritmo ancestral más que a un trastorno clínico.
Además, estos investigadores han recreado condiciones similares a las noches preindustriales, eliminando luz artificial y relojes. En estos entornos, los participantes tienden de forma espontánea a dividir el sueño en dos bloques, con un periodo intermedio de vigilia tranquila.
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Por otra parte, investigaciones del Universidad de Keele señalan que la baja iluminación modifica la percepción del tiempo. En contextos oscuros, los minutos pueden sentirse más largos, fenómeno que se intensifica en personas con bajo estado de ánimo. Esto explica por qué despertarse en la madrugada suele asociarse con sensación de tiempo prolongado y mayor inquietud.
Ansiedad nocturna
Parte del malestar vinculado a despertarse en la madrugada proviene de expectativas culturales recientes. La creencia de que el descanso debe ser continuo genera ansiedad cuando ocurre una interrupción natural. No obstante, esto no excluye la existencia de insomnio patológico, que requiere evaluación médica.

En la actualidad, el aumento en diagnósticos de trastornos del sueño y consumo de medicación hipnótica coincide con la consolidación de horarios extensos, exposición nocturna a pantallas y presión por rendimiento diario.
Recomendaciones ante el despertar nocturno
La Terapia Cognitivo-Conductual para el Insomnio plantea pautas específicas cuando una persona tarda más de 20 minutos en retomar el sueño. Algunas recomendaciones incluyen:
- Levantarse de la cama y realizar una actividad tranquila con luz tenue.
- Evitar consultar el reloj para no aumentar la ansiedad.
- Regresar a la cama únicamente cuando aparezca somnolencia.
Estas indicaciones buscan reducir la asociación negativa entre cama y frustración. Así, despertarse en la madrugada no debe interpretarse automáticamente como señal de enfermedad, sino como posible expresión de un patrón biológico previo a la modernidad.
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